Mochila de malabares Cómo organizo el material

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Llevar el material de malabares a la espalda es un hecho si eres malabarista, y desde que empecé a practicar me he pasado mucho tiempo moviéndome por el mundo con ellos: pabellones, espectáculos, entrenamientos en skateparks y plazas. Con el tiempo he ido ajustando cómo lo organizo hasta llegar a una configuración que se adapta a mi día a día, donde la mochila lleva diablos, palos, y a menudo también un ordenador o una cámara, porque es una herramienta constante de trabajo y no sólo un contenedor de material de actuación. Dame du Cirque, por ejemplo, cabe entero dentro de una mochila, y ese tipo de compacidad forma parte de cómo pienso los espectáculos.

Durante muchos años he llevado mochilas de Pinza’t, que el Sam y la Dolça hacen a mano en colaboración con artistas que pintan la lona con dibujos y patrones propios, haciendo de cada mochila una pieza única que se mueve por el mundo como los malabares. En el caso de Dame du Cirque, una de ellas llegó hasta el escenario, ya que hicieron la mochila que usamos como escenografía en el espectáculo. Todavía uso las primeras que hicieron conmigo cuando llevo menos material, pero poco a poco he ido migrando hacia mochilas de fotografía para los desplazamientos habituales, y cuando encuentre un nuevo sistema les pediré que me hagan una a medida.

Lo que me interesa de una mochila es que cuando la abres puedas ver todo el material organizado, porque en las mochilas en forma de saco acaba siendo tedioso sacar y meter cosas día tras día, ir a buscar material que se queda en el fondo, sacarlo todo para coger sólo una cosa. En cambio, en las de fotografía abres la tapa de la espalda y puedes verlo todo, normalmente separado en compartimentos que permiten agrupar las cosas — diablos, palos — y acceder a cada elemento sin vaciar la mochila, distribuyendo el peso de manera uniforme en la espalda, que es lo que se nota cuando la llevas durante horas caminando, en transporte público o en bici.

Cuando ya llevas diablos, palos, cuerdas de repuesto, un ordenador y quizás una cámara, el peso de la mochila vacía es lo que marca la diferencia al final del día. Si la mochila pesa mucho sin nada dentro, todo lo que añades se multiplica, y con el tiempo eso se nota en la espalda y los hombros de una manera que conviene evitar. La clave para mí es que sea fácil de abrir y cerrar y que el acceso al material sea intuitivo, porque cuando estás a punto de actuar o de entrenar no quieres perder tiempo buscando nada.

La elección es personal y depende de cómo te mueves y de qué materiales llevas, pero para mí lo fundamental es que sea ligera por sí misma, fácil de abrir y cerrar, y que el acceso al material sea intuitivo. Si vas en bici o por la calle todo el día, una mochila bien equilibrada es la que aguanta mejor.

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