Sesión de exploración del diábolo a tempo lento y pulso suave, donde movimiento y sonido comparten mesa como en una conversación sin prisa. Las espirales se estiran hasta afinarse, el trazo circular deriva sin cerrarse y la música, de evolución pausada, invita a escuchar los márgenes del gesto, allí donde el peso vacila y la inestabilidad se vuelve aliada.
La práctica se centra en alargar el movimiento hasta que tambalee y vuelva a su lugar, sosteniendo el gesto al límite para que el diábolo proponga. Las torsiones reclaman tacto y respiro; el pulso interno regula cada entrada y salida del círculo. Cuando la dirección cede, reaparece un camino más fino que exige confianza, paciencia y atención.
Por fricción
Dos giros y calma,
El pulso se ensancha,
La línea se alarga.
Poca velocidad,
Equilibrio precario,
El tacto se enciende.
A un paso de la caída,
Todo puede escapar en un instante.
Como la vida,
Esta vida que tú tienes,
Que todos tenemos,
Que compartimos.
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