Sesión de improvisación con el diábolo en la que el movimiento y el sonido se encuentran como quien se sienta en la misma mesa: el cuerpo busca el pulso, el objeto responde con ecos que rebotan y tropiezan. Los retardos cambian de dirección y obligan a afinar la escucha; cuando la ola vuelve, el brazo ya prepara el siguiente paso para que el hilo no se rompa y la secuencia respire.
El trabajo se centra en movimientos sincrónicos y flippers, que exigen una precisión que no ahogue el juego. Sostener el gesto al límite para que el peso quede un instante suspendido, dejarlo caer y recogerlo en el momento justo. Las micropausas sirven para recalibrar altura y tensión, y los cambios de rumbo dibujan una trenza limpia que se mantiene viva mientras no se pierda el ritmo interior.
Rebota
Dos golpes y de nuevo,
el eco, rebota
yo, paro y pienso.
Una pausa pequeña,
El ruido se hace recuerdo,
el tiempo se abre.
Las olas tocan piedra,
el diábolo sigue su camino,
la piel dice sí.

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